Brindis por Brandys

Encuentro saldado en una librería un ejemplar de De mémoire, de Brandys, y naturalmente me lo quedo. Lo escribió en 1995, a los 79 años, cinco antes de morir. Por esas fechas más o menos peregriné a conocerle en su casa de París so pretexto de una interviú; creo que acababa de enviudar y me pareció que estaba físicamente fatigado y mentalmente achacoso, pues “se le iba la cabeza”; pero anoche al leer De mémoire vi que por el contrario seguía en plena posesión de sus facultades mentales.

Brandys me dijo que había dejado de escribir novelas (creo que en España sólo se ha editado Rondó, que es su obra maestra) cuando comprendió que los tiempos que le habían tocado vivir era tanto o más interesantes que cualquier novela, y que en consecuencia se había pasado a la forma del dietario. Esos tiempos eran los del sindicato Solidarnosc, el golpe de Jaruzelski, y las vísperas del derrumbe del imperio soviético. Pero, pienso yo, más interesantes todavía fueron los tiempos (ya se sabe que eso es una maldición terrible: “¡que vivas tiempos interesantes!”) de su juventud, los tiempos de la guerra y de la repartición de Polonia entre la URSS y Alemania, la insurrección y aniquilación de Varsovia, etcétera, época siniestra e interminable a la que vuelve una y otra vez en todos sus dietarios y también en De mémoire, y entonces a Brandys le satisfacía la forma de la novela...

A propósito de este tema, que está tan de actualidad, nos deja hacia la página 227 unas interesantes consideraciones sobre la actitud de los escritores antiguos y los contemporáneos ante la escritura de ficción, mucho más segura y confiada la de los antiguos. Los autores de antes, los muertos, podían amar el mundo o podían execrarlo, pero creían en la literatura: “Al escribir sus novelas y relatos tenían una certeza que nosotros hemos perdido. Sabían que escribir es una cosa sagrada, de un alcance esencial, que no se puede poner en duda. Sabían sin sombra de duda que sus libros colaboraban en la formación de la conciencia colectiva y que el relato, la novela, la narración, son el mejor medio de comunicar su fe en la naturaleza humana o su incredulidad. Tenían la bendita certeza de que la literatura es una esfera superior de la existencia y siempre lo será...”. En cambio...

Ignacio Vidal Folch
El País, España
10.03.2010


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