Descenso al corazón de las tinieblas

Ilustración de Ángel Mateo Charris para El corazónJoseph Conrad (1857-1924) es considerado por la crítica uno de los mejores escritores de todos los tiempos, por su estilo y por la habilidad para crear personajes y espacios de fondo humano espeso. Sus memorables seres de ficción padecen, como él mismo, agudas melancolías, debido a la dificultad de relacionarse con el otro, con los otros, y existen condenados a la soledad. Estado propicio para la fermentación de ideas oscuras, donde la raya que separa el bien del mal se vuelve borrosa. Otra característica esencial de Conrad, derivada del parecido que guarda con nuestro Leopoldo Alas y con Henry James, es que, como ellos, se trata de un realista pasado por el arte de contar de Flaubert. Y una curiosidad: los lectores de Conrad han cambiado con el tiempo de preferencias; Nostromo (1904), considerada por la crítica la mejor de sus trece novelas y siete volúmenes de relatos, cede hoy en popularidad a El corazón de las tinieblas (1902). La vida de Konrad parece seguir el guión de cómo llegar a ser novelista. Se inició nuestro autor acumulando una abundante reserva de experiencias, sumadas durante los 36 primeros años, y que luego filtrará por una conciencia personal. De niño conoció el exilio en Rusia, y a los 16 años se enrolaría en un barco mercante francés, para en1878 pasar a uno británico, donde entrará en contacto con el inglés, pues apenas conocía entonces unas palabras del idioma en que escribiría su obra entera.

Pasó los 20 años siguientes, en que ascendió de marinero a capitán de barco, viajando a la India, al Oriente, además de al centro de África. Eran tiempos difíciles, cuando los ciudadanos de las Islas Británicas necesitaban los beneficios de las materias primas y del comercio de sus colonias para mantener el nivel de vida alcanzado en la era del vapor. Así Conrad conoció de primera mano al hombre en el filo mismo del contacto con los sujetos coloniales, allí la civilización enseguida cedía a la barbarie, y el hombre reaccionaba a ella con violencia.

Se nacionalizó británico en 1886 y estableció su residencia en Londres en 1894. Inmediatamente, y ya bajo el nombre de Josep Conrad, iniciará su carrera de escritor, arropado por una buena mujer, su mecanógrafa, y los dos hijos del matrimonio. Tras varios títulos llegamos a Lord Jim (1899-1900), a El corazón de las tinieblas (1902) y a Nostromo (1904). Si la última, situada en Costaguana, un país hispanoamericano inspirado en Venezuela, relata los conflictos sociales y raciales, dominados por varios personajes de extracción europea carentes de restricciones morales, el protagonista que nombra Lord Jim también exhibe falta de fibra moral, como muestra la primera prueba a que le somete el destino, proteger a unos pobres peregrinos, y su posterior redención.

El corazón de las tinieblas resulta hoy la mejor conocida, en parte por haber inspirado a Francis Ford Coppola la película Apocalyse Now (1979). Posee un ritmo narrativo que nos capta desde la primera línea: “El Nellie, un bergantín de considerable tonelaje, se inclinó hacia el ancla sin una sola vibración de las velas y permaneció inmóvil.” Enseguida comienza Marlow a relatar sus recuerdos del viaje al Congo. Iba empleado por una compañía belga que exportaba marfil al continente. Según avanza en el viaje oiremos de Kurtz, el mejor agente de la empresa. Cuando Marlow lo encuentre, el empleado modelo ha sido tragado por la selva, por la barbarie y cruzado la raya de la civilización. Vive enfermo y aterrorizando a los indígenas, movido por los más bajos instintos, como el de hacerse rico y ejercer su omnímodo y arbitrario poder. Este desecho humano ha descendido al infierno. El genial Juan Rulfo seguiría un parecido periplo en Pedro Páramo. Los murmullos de los muertos asaltan al hijo de Páramo en su escenso a los infiernos; a Kurtz es la oscuridad y misterio de la selva.

Mientras Marlow cuenta su historia, el narrador apostilla: “enseguida un cambio ocurrió en las aguas [que rodeaban al barco], y la serenidad se hizo menos brillante pero más profunda.” Genial muestra de un estilo que, en una vuelta de prosa, obliga a imaginar la superficie serena y brillante del agua a la caída de la tarde a un agua que oculta los misterios de su oscura profundidad cuando es vista a la luz del crepúsculo. Sólo la prosa de Juan Ramón Jiménez o de Valle-Inclán podría compararse a ésta, pues ofrecen también una representación del mundo valiéndose de una gama de colores extensa, que supera el impresionismo y se acerca al expresionismo. Conrad, según dijeron Juan Benet y Javier Marías, tiene un poder y una fuerza expresiva únicos.

Y, sin embargo, Conrad ha sido castigado hace poco por la crítica del ilustre escritor Chinua Achebe, quien considera que tras las bellas frases y la polifonía narrativa del autor inglés asoma el racismo de los blancos, por su modo de presentar a los africanos como hombres sin fondo. El rodillo post colonialista se origina en una circunstancia histórica, la actual, muy concreta, pero Conrad sigue y seguirá siendo un gran guía para conocer la condición humana.

Germán Gullón
El Cultural, España, 29.11.2007


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