Especial Estreno Katyn en Buenos Aires
Katyn, crímenes sin castigo

El director Andrzej Wajda narra una historia que tiene que ver con sus afectos.
Afiche Katyn de WajdaAndrzej Wajda no es un director polaco entre muchos. Es el más importante de la generación de la posguerra (nació en Suwalki, en 1926). En Katyn , su película número 40, protagonizada por Andrzej Chyra y Maja Ostaszewska, que mañana estrenará la nueva distribuidora Mirada, cuenta una historia que tiene lugar durante la invasión casi simultánea soviética y alemana a Polonia, en septiembre de 1939. Poco después, el ejército soviético habría de capturar, encerrar y ejecutar a cerca de veinte mil oficiales en los bosques cercanos al poblado ruso de Katyn y en otros lugares. Entre ellos estaba el padre de Wajda, un oficial de caballería que murió en esas circunstancias, mientras él mismo, siendo un soldado muy joven, trataba de impedir la invasión nazi en el frente.
Por décadas la masacre de Katyn fue un tema prohibido en Polonia y causa de una desconfianza profunda entre los polacos y los soviéticos. La historia oficial echó la culpa a los nazis, quienes en realidad descubrieron una de las tumbas colectivas (eran tres, por lo menos) después de la invasión, en 1941.

Las víctimas
La vida de Wajda cambió una vez recuperada la paz. Tras la guerra, estudió pintura en la Academia de Bellas Artes de Cracovia antes de entrar en la Escuela Nacional de Cine en Lód, y en 1954, con Alekssandr Ford como mentor, debutó con Generación , su primer largometraje. La fama internacional llegaría dos años más tarde, primero con Kanal (1956) y poco después con su clásico entre clásicos Cenizas y diamantes (1958).
“Casi todas mis películas están basadas en la literatura. En este caso, no tuve ni una novela ni un cuento ni material literario. Los guiones que leía no me gustaban, pero cada uno de ellos me obligaba a reflexionar: "¿Sobre qué será este film?" Si hacía una película política, sus personajes principales tenían que ser Stalin, Churchill, Sikorski. Podía hablar solamente de las víctimas de las decisiones políticas de los poderosos o realizar un film psicológico de la anatomía del crimen que dejara afuera todos sus mecanismos. Llegué a la conclusión de que debía mostrar dos líneas temáticas: el crimen y las mentiras de Katyn. Sería una narración indirecta sobre mi padre, víctima del crimen, y de mi madre, víctima de la mentira. Finalmente, decidí mostrarlo todo a través del destino de las mujeres cuyos padres, hermanos e hijos fueron fusilados en Katyn”, dijo a Valeri Masterov en el semanario Novedades de Moscú , a su estreno allí, en 2007.
En esa misma nota Wajda señala: “A fines de los años 50, en un encuentro con los obreros de una fábrica, durante su visita a Moscú, Kruschev le propuso a Gomulka hablar sobre Katyn y "achacarle todo a Stalin, que tiene tanto en su conciencia que puede aguantarlo". El dirigente polaco se quedó como alcanzado por un rayo y dijo que no estaba preparado para semejante sinceridad. Fue un gran error político. Si en aquella ocasión se hubiera revelado la verdad, hoy nuestras relaciones serían diferentes. Con el tiempo, la palabra Katyn desapareció por muchos años de los manuales y enciclopedias. La amistad polaco-soviética se mantenía sobre la mentira de Katyn. En Polonia reinaban la censura y la mentira sobre este hecho, y afuera nadie estaba interesado. Mijail Gorbachov y más tarde Boris Yeltsin entregaron al gobierno polaco las copias de los documentos referentes a Katyn y así aparecieron circunstancias más favorables para trabajar. También empezó a funcionar eficientemente la comisión conjunta para llenar las lagunas de la historia. Una película con este tema sería muy útil. Pero muy pronto la comisión desapareció. Al filmar la película, queríamos indicarle al espectador que había sido hecha en nuestros días”, señaló el cineasta.

Claudio D. Minghetti
La Nación, Buenos Aires
15.07.2009


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