Especial Estreno Katyn en Buenos Aires
Algunas críticas que ha recibido la película

Afiche Katyn de WajdaUna película importante: Katyn, dirigida por Andrzej Wajda
Ruinas de un monasterio ortodoxo ruso, 1939: paredes desconchadas, luz que penetra por las grietas del techo, el humo de cigarros flota en el aire. Literas primitivas de madera, una encima de otra: el monasterio se convirtió en una cárcel. Los prisioneros, con uniformes de lana marrón y botas negras, forman un nutrido grupo. Estirando los cuellos, escuchan el discurso de su general. Solemne y cansado, éste no les pide que peleen. Pide que sobrevivan. Dice el general: "Señores, tienen que aguantar. Sin ustedes no hay Polonia libre."

La escena termina. El público (de un cine de Varsovia donde vi la película) suspira, murmura y colectivamente aguanta la respiración. Los espectadores saben o se supone que sepan que estos soldados, flor y nata del cuerpo de oficiales de Polonia de preguerra, no van a sobrevivir. Y sin ellos, efectivamente, no hubo Polonia libre.

Este episodio (la acción en la pantalla y la reacción del público en el cine) representa el meollo del arte de su director, Andrzej Wajda. Durante medio siglo, empezando durante la época más oscura del comunismo y a través de los años de Solidaridad, la ley marcial y el presente poscomunista Wajda siempre tuvo esta especie de diálogo con el público polaco. Algunos de sus filmes tuvieron éxito fuera de Polonia, pero  siempre los hacía pensando en sus compatriotas lo que les confiere un sabor especial. El director sabía que sus espectadores polacos estaban familiarizados con la historia y la política y estaban al tanto de como se portaba la gente durante la ocupación. Confiaba en que ellos interpretarían su obra correctamente, aunque la censura lo obligaba a expresarse indirectamente. Su película más reciente, Katyn donde aparece la escena descrita arriba es, en este sentido, una película clásica de Wajda.

Desde luego, sus espectadores polacos saben del final de la historia mucho antes de entrar al cine. Katyn, como sugiere el título, cuenta la historia de la invasión casi simultánea soviética y alemana de Polonia en septiembre de 1939. Posteriormente, el Ejército soviético capturó, encarceló y mató cerca de veinte mil oficiales en los bosques cerca del poblado ruso de Katyn, y  en otros lugares. Entre ellos estaba el padre de Wajda. Era evidente la razón de la matanza: se trataba de los combatientes mejor educados y más patrióticos. Muchos eran reservistas y en la vida civil eran doctores, abogados, profesores universitarios y comerciantes. Constituían una élite intelectual que pudiera impedir los planes de la Unión Soviética de absorber y "sovietizar" los territorios orientales de Polonia. Siguiendo el consejo de Lavrenti Beria, jefe de la policía secreta, Stalin dio la orden de ejecutarlos a todos.

La película es algo más que el recuento de un asesinato en masa. Durante decenios la masacre de Katyn era un tema totalmente prohibido en Polonia y la causa de una desconfianza profunda y perenne entre los polacos y sus conquistadores soviéticos. Oficialmente, la Unión Soviética echó la culpa a los alemanes que descubrieron una de las tumbas colectivas (eran tres, por lo menos) después de la invasión nazi  en Rusia en 1941. Los fiscales soviéticos hasta repitieron esta mentira evidente en el juicio de Nuremberg y el gobierno británico, entre otros, la apoyó.

En  Katyn Wajda incluye la historia del padre de uno de los oficiales, profesor de la Universidad jagellona de Cracovia. La administración nazi de la ciudad  le comunica que tiene que asistir a una reunión y él acude a una sala medieval del recinto universitario. Sin previo aviso, las tropas nazis entran, cierran las puertas y detienen a todos. Los hombres, muchos de ellos de edad avanzada, son llevados en camiones y entre ellos vemos al padre del oficial. Más tarde, su viuda se entera que murió, junto con muchos de sus colegas, en Sachsenhausen. Wajda afirma que es el equivalente alemán de la masacre de Katyn, un asalto directo a la intelligentsia polaca, un intento de destruir el liderazgo presente y futuro de la nación.

También Wajda muestra episodios que se refieren a sus primeras películas o de su propia vida. Sabe que su público polaco lo va a entender. Uno de sus personajes, Tadeusz, hijo de un fusilado en Katyn, quien pasó la guerra siendo guerrillero en los bosques, llena un formulario para volver a los estudios. Como el mismo Wajda a esta edad, quiere estudiar en la Escuela de Bellas Artes. Le dicen que tiene que borrar las palabras "padre: asesinado por los soviéticos en Katyn" de su biografía, pero Tadeusz se niega, sale corriendo y en la calle arranca un afiche prosoviético. Minutos más tarde los soldados comunistas lo detienen y lo matan. Igual que el héroe de Wajda en Cenizas y diamantes (1956) muere sin propósito alguno, después de la guerra, luchando por una causa perdida. Sin embargo, no tiene dudas, como aquel otro muchacho. Tadeusz prefiere la muerte y la verdad y no quiere vivir bajo la sombra de una mentira histórica (no se parece a Wajda).

Existe algún peligro inherente al intento de hacer filmes patrióticos y Wajda no pudo evitarlos, aunque en varios casos la culpa no era suya. Accidentalmente, Katyn se estrenó en medio de una campaña electoral parlamentaria empezada demasiado temprano. Los líderes del partido político en el poder en aquel momento oficialmente llamado Ley y Justicia, conocido más como el partido de los Kaczynski, gemelos idénticos, fueron acusados de manipular el repentino interés en Katyn para sus propios fines. Casi una semana antes el gobierno decidió, repentinamente celebrar una gran ceremonia conmemorativa con varios funcionarios responsables, como si el legado de Katyn perteneciera a este partido político y a ningún otro. Las familias de las víctimas protestaron igual que Wajda. La fecha de la ceremonia fue cambiada. Pero persistió la fea imagen de los políticos tratando de aprovecharse de las emociones provocadas por la película.

Katyn había amargado las relaciones polaco-rusas por más de seis décadas y, desde luego, el filme de Wajda provocó algunas reacciones en Polonia en contra de los rusos. En una entrevista para Izvestia Wajda trató de apaciguar el estallido antes de que se produjera. Dijo: "En Polonia siempre hubo una gran simpatía hacia el pueblo ruso. Diferenciamos entre el pueblo y el sistema." Algunos rusos se lo creyeron. El demócrata, activista de derechos humanos y ex disidente Serguei Kovaliov quien vio la película en la Embajada polaca en Moscú, pidió después a los polacos "el perdón" por la masacre.

No hubo una reacción oficial del gobierno ruso al día siguiente del estreno, pero el periódico del gobierno Rossiyskaia gazeta dijo que la responsabilidad soviética en Katyn "no era obvia". En un artículo malicioso un periodista expresó sus dudas acerca de la publicación, durante una década, de voluminosos archivos y acusó a Wajda de "separarnos más de la verdad". También decía que el reconocimiento de la responsabilidad soviética de Katyn por Mijail Gorbachov fue un acto meramente político, una declaración dudosa hecha para complacer a Occidente. Los fragmentos de este artículo fueron publicados en toda Polonia, acompañadas, a veces, por los documentos donde se ordenaba la masacre. Además,  se tomó como evidencia de que Rusia había cambiado poco desde 1939.

Así, no fue sorprendente que algunos días después los comentaristas polacos se ofendieran: Katyn no pudo presentarse en el Festival de Venecia. Algunos afirmaban que era el resultado de la influencia secreta rusa sobre los jurados, otros lo tomaron como otra demostración de que los extranjeros no entendían la historia polaca y no apreciaban los sufrimientos de Polonia o discriminaban el país. La explicación era simple: Katyn apareció muy tarde para cumplir con la agenda del Festival. Probablemente, se exhiba en Venecia este año. Antes de que se entendiera esta explicación, se hicieron evidentes las inseguridades del país.

La prueba real para Katyn consiste en mantenerse como parte del diálogo nacional polaco como lo han hecho antes algunos filmes de Wajda. No se trata de la calidad de la película. Su permanencia depende también de la existencia de un público que comparte el conocimiento de Wajda de la historia polaca del siglo XX  y entiende símbolos e indirectas que usa para abarcar temas nacionales y patrióticos. Cincuenta años después de filmada, un número significante de polacos saben que cuando dos jóvenes en Cenizas y diamantes empiecen a mencionar nombres con un vaso de alcohol delante, se trata de los amigos que murieron en la clandestinidad y el levantamiento de Varsovia, aunque no lo dicen directamente. Si pasan 50 años y aún existe un público en Polonia que entienda a los personajes de Wajda y sus referencias (el público que retiene la respiración cuando el general dice a sus hombres que sin ellos "no habrá Polonia libre"), entonces Katyn aún será importante.
Escrito por Anne Applebaum

Tomado de New York Review of Books, febrero 2008

La candidata al Oscar como película en lengua extranjera tuvo mucho éxito a nivel nacional el año pasado, y debería  dar una recorrida triunfal en las salas de cine-arte en el exterior.

Volviendo al período de la Segunda Guerra Mundial, en la que el director basó la excelente trilogía de "Generación", "Kanal" y "Cenizas y Diamantes", la actual película supone una mirada desapasionada, típicamente wajdesca, hacia los héroes y villanos de la historia. Wadja perdió a su propio padre en la masacre de Katyn a los 14 años, y vivió a través de los años la ocupación nazi, la represión  soviética y los disturbios, mientras el movimiento de Solidaridad llevaba a Polonia a una eventual transición hacia una economía de libre mercado.

Wajda es ahora un mentor de una nueva generación de cineastas polacos, y su interpretación de una de las principales tragedias de la historia polaca tiene para el público nacional la estatura de "palabras de un profeta". Es en este contexto que se debe entender el éxito local de "Katyn", obteniendo más de $ 14 millones en los ingresos de cines solamente.

El entrecruzamiento de historias en la película desarrolla favorablemente un amplio espectro de experiencias de quienes vivieron y murieron durante ese período.

Una de las principales líneas narrativas es la de Anna (Maja Ostaszewska), cuya historia es paralela a la de la madre de Wadja. Es 1939, cuando Anna llega a la frontera oriental de Polonia en busca de su marido, Andrzej (Artur Zmijewski), un oficial polaco que se opone a sus ruegos de huir con ella, prefiriendo permanecer con su regimiento de caballería. Después de haber sido capturados por el ejército invasor soviético, el regimiento está condenado a ser enviado al este, a un campo de detención en Rusia, donde la mayoría de ellos serán asesinados en Katyn en 1940, según la explicación en los créditos iniciales.

La acción va entrecruzando las historias de Anna, Andrzej en el campamento de detención y otros personajes: también hay un general detenido (Jan Englert) y su orgullosa esposa (Danuta Stenka), que se niega a dar el brazo a torcer ante la presión alemana de participar en su propaganda anti-Rusia.

Jerzy, el amigo de Andrzej (la estrella local Andrzej Chyra) representa a uno de los pocos que sobreviven a Katyn, pero a costa de su propia alma, ya que después de la guerra atribuye Katyn a los nazis, por miedo a que la atrocidad avergüence a los soberanos soviéticos, que fueron los verdaderos responsables. La historia de Jerzy se cruza con la de las hermanas Agnieszka (Magdalena Cielecka) e Irena (Agnieszka Glinska), que toman posiciones opuestas respecto del nuevo régimen de la posguerra.

Wajda, incitado y alentado por los co-guionistas Wladyslaw Pasikowski y Przemyslaw Nowarkowski, demuestra una magistral capacidad para transmitir la trama, ilustrar los personajes y crear clima con sólo unas pocas líneas de diálogo y unas vigorosas pinceladas visuales. La precisa edición (a cargo de Milenia Fielder) se mueve fluidamente entre períodos de tiempo y lugares.

La escena final muestra de manera impecable la matanza en sí, los tiroteos en serie, casi-mecánicos, que convierten a las fosas en una verdadera casa del terror. Considerando todos los aspectos, esta película demuestra un magnífico trabajo de todos los participantes. La música original, del renombrado compositor polaco Krzysztof Penderecki, retumba y suspira con profundidad sin invadir la acción. Otras contribuciones técnicas demuestran un alto nivel de profesionalismo, lo que refleja que debe haber sido un gran presupuesto para una película polaca.

By Leslie Felperin
15.02.2008

Variety.com

New York Times:
(…) Polonia ha tenido la suerte de tener en el Sr. Wajda a un incansable, lúcido cronista. A sus 82 años, ha producido, en películas como "Cenizas y Diamantes" y "Hombre de Mármol" un récord cinematográfico sin precedentes sobre la historia polaca, y "Katyn", nominada para un Oscar el año pasado, es un potente corrector de décadas de distorsión y olvido. Con elegante concisión, la película explora los acontecimientos que condujeron a la masacre y sus consecuencias, siguiendo a un grupo de oficiales y sus familias a través de las agonías de la guerra y las miserias de la paz bajo el comunismo, y volviendo en círculos a un final que reconstruye de manera incansable algunos de los asesinatos. Las muertes son terribles y dolorosas de ver, pero el dramatismo de la película es llevado por las hermanas, las madres y las viudas de los muertos, cuyos intentos de aferrarse a la verdad son casi insoportablemente conmovedores. Maja Ostaszewska está magnífica en el papel de Anna, la tranquila esposa de Andrzej, que se aferra a la esperanza de que él, de alguna manera, ha sobrevivido.

http://movies.nytimes.com/2009/02/18/movies/18katy.html


The International Raoul Wallenberg Foundation
Godzina Polska - La Hora de Polonia

El Águila Blanca es parte del proyecto “Las huellas polacas en la República Argentina”


Museo Roca, Ministerio de Cultura, Presidencia de la Nación. © 2003 - 2016
El Águila Blanca Museo Roca - Insitituto de Investigaciones Históricas Condecoración otorgada a Claudia Stefanetti Kojrowicz