Y el Oscar va para... "Pedro y el lobo" y "Austria"

Afiche Los FalsificadoresEl Oscar no fue para Wajda y su película, Katyñ, la cual sigue siendo considerada en Polonia como la mejor producción de la historia del cine polaco. Esta fue la octava vez que una cinta polaca compite por el premio a la mejor película en lengua no inglesa y no lo alcanza. La austríaca, Los falsificadores, dirigida por Stefan Ruzowitzky se quedó con la estatuilla. Narra la existencia, en el campo de concentración de Sachsenhausen, de un grupo de prisioneros con “habilidades” que van desde las finanzas a las falsificaciones. Allí “fabrican” billetes de bancos extranjeros que les servirán a los nazis en su intento de provocar el colapso de las economías estadounidenses y británicas.

El premio Oscar al Mejor Cortometraje de Animación fue para Pedro y el lobo, una coproducción internacional realizada en los estudios Se-ma-for de Łódź entre febrero y agosto de 2006. Bajo la dirección de  Suzie Templeton trabajaron TV UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), Breakthru Films, de Gran Bretaña; Se-ma-for, de Polonia; el británico Channel 4, y Archangel, de la República Checa.

Pedro y el lobo es una composición musical escrita en 1933 por el ruso Serguei Prokofiev, un joven transgresor que interpretó a su manera las directrices de Stalin en el sentido de que, en la sociedad comunista, la música debía ser sencilla e inteligible para el pueblo. Así, en esta pieza, cada uno de los diferentes instrumentos de la orquesta representa a un personaje del cuento infantil.

Templeton llevó a cabo en esta ocasión una versión innovadora de la historia con música de Sergei Prokofiev, al conjugar las técnicas de animación de Europa oriental y occidental, con valores estéticos encaminados hacia una visión nueva sobre la ecología y la convivencia humana.
Aquí Pedro es un alma atormentada que vive como puede junto a un pariente borracho. En esta versión, en lugar de dos cazadores hay dos horrible milicianos. El abuelo no es un anciano adorable, la casa es un completo desorden y Pedro es intimidado despiadadamente por los vecinos matones. El lobo es una verdadera amenza, pero los chicos como Pedro no temen a los lobos.
La adaptación de Templeton es muy moderna, con una gran profundidad psicológica. Cuando Pedro perdona al lobo, lo libera; esta es una actitud nada cercana al sentimentalismo ingenuo, es una declaración contra la brutalidad de nuestro mundo.

EAB, 25.03.2008


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