Los Krauze vuelven al realismo social con un drama familiar que tiene lugar en la “Plaza del Salvador” de Varsovia

Pisan territorio conocido. Los Krauze ya recogieron una Espiga en el 2005 cuando la actriz protagonista de su película “Mi Nikifor” se impuso a las demás intérpretes de aquella edición. Y en el terreno creativo la obra que presentan, “Plaza del Salvador”, también es un guiño a su cine anterior. Precisamente, “La deuda” terminaba en la Plaza de Varsovia, que da nombre a esta última obra, cuyo escenario principal es una casa ubicada allí.

"Tanto en “La deuda” (1999) como en ésta intentamos reflejar un país en estado cambiante, Polonia es un país en transición. Aquella contaba la historia de varios jóvenes intentando abrirse paso en el mundo laboral, y en ésta nos centramos en la vida familiar", explicaba ayer Krzysztof Krauze acompañado por su esposa y codirectora, Joanna Kos-Krauze. La película fue estrenada en su país hace un año y ha tenido muy buena crítica y buena respuesta del público, convirtiéndose en un fenómeno social.

La historia que conforma el guión partió de un breve publicado en un periódico polaco sobre el intento de una madre de matar a sus dos niños y suicidarse ella por la insostenible situación familiar que padecían.

Para el cásting prefirieron contar con rostros no profesionales, en pos de un mayor naturalismo. La cruda historia gira en torno a una joven pareja con dos hijos que se ven obligados a vivir con la madre de él y cuya vida se convierte en un infierno. "La protagonista fue actriz de niña pero ahora no trabaja en la interpretación. Es representante de los mejores actores polacos", aclaran los directores. Beata es el nombre de su personaje, madre de dos niños. El siguiente reto fue buscar a los dos menores. El primer campo fue los hijos de actores, para que estuvieran habituados a un rodaje, pero al leer el guión todos se echaban atrás. Fue una pareja joven, ajena al mundo cinematográfico, la que consideró que valía la pena participar en la denuncia que hace la película sobre las infancias marcadas por los complejos y los crímenes de los adultos. "Los niños fueron los que improvisaban y se comportaban de forma más natural", cuenta Joanna.

Los Krauze vuelven al realismo social con un drama en el que se enfrenta la mujer rural y la urbana, el hombre dominante y la esposa pasiva, la culpa y la redención. Los directores dejaron abierto el final en el que participó todo el equipo, "hasta el final del rodaje no sabíamos cómo iba a acabar".

Norte de Castilla, España
30.10.2007


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